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martes, 22 de mayo de 2012

Entiende Cádiz 5: La incorporación de Cádiz a Castilla.

Se suele saber y decir que la reconquista de Cádiz se llevó a cabo en 1262 a manos de Alfonso X el sabio, y desde entonces empezó un crecimiento moderado de la ciudad que se fomentó gracias al comercio bereber, tras unos siglos de abandono prácticamente de la ciudad desde el fin del mundo romano, siendo una pequeña aldea durante el tiempo del dominio árabe. Estos datos no están muy lejos de la realidad, pero creémos que es labor del historiador, y también obligación para el gaditano, conocer realmente  cómo fueron estos hechos basándonos en las fuentes escritas y en las reflexiones de nuestros historiadores a lo largo del tiempo. 

Para poder entender realmente el proceso de reconquista, y también obtener una datación aproximada de la misma hay que tener en cuenta una serie de hechos trascendentales que nos aproximan a la misma. 

Lo primero que debemos de abordar, es la pregunta de ¿a quién pertenecía Cádiz cuando fue reconquistada?. Una respuesta común sería a los musulmanes o árabes pero eso deja en el aire una serie de incógnitas que pocos nos ayudan en nuestro proceso esclarecedor. Para entender y sintetizar esta fase histórica de la ciudad nos basaremos en dos obras fundamentales; "Cádiz la ciudad medieval y cristiana" de José Sánchez Herrero y la Historia de Cádiz  de Agustín de Horozco. 

Nos dice Sánchez Herrero  citando a Horozco,  que Cádiz no era del rey de Granada, sino del rey de Fez y Marruecos, Jacob Abeyucef. No tenemos elementos para dilucidar exactamente desde cuándo, pero si sabemos que tropas de zenetes y otros africanos pasaban de contínuo del África a España y los nazaríes mantenían buenas relaciones con estos soberanos, por lo que se puede deducir, que le diesen Cádiz como punto de apoyo y desembarque.  Sabedor el castellano de que podía sorprender la plaza, penetraría con sus tropas casi sin resistencia y recuperaría Cádiz, sin poder quejarse realmente el rey de Granada. 

Hay que tener en cuenta también que Alfonso X, era un rey que quiso ser emperador, y tuvo en su mente para prestigiar su persona, la conquista de África. En marzo de 1260, tuvo con Jaime I una entrevista en Agreda en la que seguramente se trató la empresa, aprovechando una revuelta benimerín de Ya´qub ben  ´Abd Allah. Jaime no quiso que Aragón participase, poniendo como obstáculo su amistad con el rey de Túnez. 

Para prestar auxilio a Ya´qub que se había apoderado de Rabat y Salé, se envió una flota castellana que el 10 de Septiembre se apoderó de Salé. Cuando Ya´qub descubrió el engaño emprendió el asedio, recuperando Salé el 22 de Septiembre.  
Partiendo de la conquista frustrada de Salé, pudo ser un desquite la de Cádiz, ambas del mismo adversario. La inmediatez de los acontecimientos hizo confundir la grafía de Cales y Calé, Cales, Cáliz o Cádiz y Cales o Salé.  Esto nos lleva a concluir que la fecha de la conquista de Cádiz debió ser a posteriori del 22 de septiembre de 1260

En mayo del 62, Alfonso X se entrevistó con su vasallo el rey de Granada para pedirle dominio militar sobre Gibraltar y Tarifa para llevar a cabo una conquista de Ceuta. El granadino se negó permitiendo el paso de los voluntarios de la fé marroquies. Este hecho también pudo ser definitivo para que comenzara en el otoño de 1262 la repoblación de Cádiz. 

Pero realmente no puede considerarse la toma de Cádiz como un desquite simplemente. El 21 de Agosto de 1262, Urbano IV concendía a Alfonso X su Bula "Excelsum fecit in" en la que se restauraba- trasladaba la diócesis de Asido- Medina Sidonia a Cádiz, y se confirmaba la sepultura del soberano en la Iglesia de Santa Cruz de Cádiz, elevada a la categoría de Catedral.. Significa esta Bula, entre otras cosas, que Cádiz ya se había tomado en esta fecha.

Es resaltable también tener en cuenta que tanto la conquista de Salé como la de Cádiz no fueron realizaciones inconexas sino que obedecían a la idea de Alfonso X de la empresa de África, dónde Cádiz era una llave que abría la puerta.

Según Horozco Cádiz se ganó en el mes de Septiembre cerca del día de la exaltación de la Cruz (por ello la advocación de la Catedral), que se celebraba el 14 del mismo, y nos dice en el año 1330 de la era y 1262 del nacimiento de Cristo, dándoseles los primeros privilegios a Cádiz en marzo 1263, diciendo en ellos estar ya poblada. No hay mucho tiempo entre septiembre y marzo, y teniendo en cuenta también la oposición de Sevilla a la diócesis de Cádiz en 1261, se podría adelantar la conquista a 1260, pero parece difícil que coincidiera con la conquista de Salé que tuvo lugar del 10 al 22 de septeimbre de 1260, así que o no se produjo en 1260 o no se produjo un 14 de septiembre.

Aunque Horzco hable de la armada en la conquista de Cádiz, otros historiadores como Hipólito Sancho sostienen que no hubo tal conquista, sino que fue totalmente pacífica, como fruto de la conquista anterior de San Fernando o de la empresa de Salé. Si tuvo luegar en 1262, podría proceder de la fallida entrevista de mayo con el rey de Granada Muhammad I.

En cualquier caso, como vemos, son muchas las incógnitas no resueltas del todo acerca de este periodo histórico de nuestra ciudad, que nos definirá territorialmente desde entonces y hasta bien entrada la Edad Moderna.

Aunque quizás se vayan con más dudas que respuestas tras leer este pequeño esbozo, creemos que es muy interesante al menos manejar las diferentes posibilidades o teorías a la hora de hablar del comienzo castellano de nuestra ciudad. Es trabajo del lector aficionado a la investigación, el ampliar el camino, e ir dando pasos de gigantes para ir cerrando este capítulo histórico.

Bibliografía:

- de Horozco, Agustín. "Historia de la Ciudad de Cádiz" Ayuntamiento de Cádiz. Edición digitalizada por ebook Google. 1845
- Sánchez Herrero, José "Cádiz, la ciudad medieval y cristiana". Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. 1986.

jueves, 26 de abril de 2012

HISTORIAS DEL AYER 9: RETRATOS DE UN PARQUE, RETRATO DE UNA VIDA.

Existen determinados lugares que asociamos directamente con nuestras vidas, tanto para bien como mal. Existen lugares que sólo con nombrarlos te provocan la más sincera de las sonrisas, o por el contrario, el más triste llanto. Son lugares, que en su nombre ves luz, felicidad, añoranza, provocan sentimientos, serenidad, paz. Y entre todos esos lugares, en mi vida, existe uno, cuya evocación me provoca la felicidad quasi absoluta, pues todos los recuerdos que me vienen a la memoria están llenos de la misma, no hubo un día malo, ni una riña, ni la más mínima discusión con mis compañeros de aventuras, en un rinconcito de Cádiz, para muchos olvidado, para casi todos poco importantes, pues no pasa de ser un simple parque, pero para mí, un templo, como para el religioso una Catedral, sede canónica de la fé, para mí, el parque Genovés, es mi templo, mi Catedral, sede canónica de mi felicidad.

No pretendo con este artículo hacer un recorrido histórico de este parque, ni desenterrar su pasado oculto ni leyenda, sólo haré un pequeño recorrido de lo que fue mi vida y mi relación con él, coetánea y simultánea a la de muchos otros gaditanos, que sin pararse a pensar en su valor, nunca han sopesado lo suficientemente lo que este parque ha significado en sus vidas, y que espero con estas letras, en plan homenaje- en plan autobiografía, se sientan identificados.

El parque y sus recuerdos me acompañan desde la más tierna infancia. Allí me llevaban mis padres cual ritual algunos domingos siendo aún un bebé, y respiré la luz de la que me impregné entre las sombras de esos árboles bien cortados, cuando ni superaba el medio metro de estatura. Aquellos árboles, aunque hoy se me presenten como un recuerdo bastante difuso, debieron de parecer en mi subconsciente como gigantes, y el sol que irradiaba era la luz pura de una vida que empezaba a florecer, como florecen en primavera las más exquisitas flores entre nombres científicos de árboles exportados, fuentes elegantes como si fueran grandes salones, como los jardines de Versalles gaditanos.

Allí fueron mis primeras "excursiones" siendo aún un párvulo. Mi colegio nos preparaba una mañana de aventuras en el que entonces era nuestro parque de atracciones, mucho mejor que el tecnicismo e idealismo de un parque temático como Isla Mágica o Port Aventura. Nuestra aventura era real, y en contacto directo con la naturaleza. Ví los primeros animales, escenificados en aquellos ponys (para mí caballos) que nos daban una vuelta por el mismo, jugabamos a enfadar a los monos enjaulados que nos tiraban fruta, pero que seguro se divertían con nosotros, y mirabamos asombrados aquel palomero en el que había "millones de pájaros" para aquellos niños sin malicia. La gruta era nuestra cueva, nuestro escondite, nuestro misterio, al penetrarla nos sentíamos mineros y al subirla escaladores. El parque era nuestro bosque, nuestra selva, donde jugabamos al contra, al escondite, entre caídas y moratones y arañazos en las rodillas que nos obligaban a acudir la próxima vez con nuestros parches en el chandal bajo los babys. Los patos y cisnes, nuestras mascotas, a los que dábamos de comer palomitas, pan y todo lo que tuvieramos a mano. Aquella charca, un inmenso lago y la cascada nuestro Niágara. Otro mundo eran nuestros columpios, comparables a las mayores montañas rusas, aquellas "resbaladeras", los columpios propiamente dicho... nos conformábamos con poco, al menos yo, no malacostumbrado ni aburguesado como muchos niños hoy en día. Un sandwich o una manzana nuestro desayuno, y aquellos cochecitos que nos ponían de vez en cuando, nuestros bólidos de carrras. Qué grandes aventuras vivíamos los gaditanos, que tiempos tan felices, que recuerdos más bonitos en mi mente, y en mi vida.  El Pemán, donde aún no había entrado, me parecía el más grande de los teatros, digno sólo de los mejores artistas.

Fue creciendo mi cuerpo a la par que aquel inmenso parque se me hacía cada vez más íntimo. 
En 1990 fui por primera vez a un festival carnavalesco al teatro Jose María Pemán, y fue una de las noches más grandes, escuché entre otras mi comparsa favorita de ese año la Mar de Coplas, y recuerdo que pocas veces ya falté a esos festivales. Recuerdo mis encuentros con las comparsas infantiles como Vaporcito del Puerto en ese teatro, las potentes voces de la Antología del Puerto, etc.  También recuerdo como mi hermano se preparaba para escuchar a los mejores cantautores del momento en los veranos del Pemán, teatro que se convirtió en mi recuerdo y retina en el Falla de Verano. El Pemán tenía clase, y por allí pasaron Serrat, la Jurado, la Pantoja entre numerosos artistas, antes de que fuera demolido recientemente, para construir uno nuevo.

Recuerdo también, aunque no viví para verlo, pues cerró sus puertas en 1970, como mi padre me contaba aquellas noches en el contiguo Cortijo de los Rosales, comentándome que allí estuvieron artistas de la talla de Machín, y que aquella sala simbolizaba parte del romanticismo gaditano durante mucho tiempo.

Ese romanticismo que desprende el parque se apoderó de mi Yo adolescente. Allí pasaba muchas tardes con mis primeros ligues, en el merendero, en cada banco, junto a los niños del paraguas, allí regalé millones de besos. Desde que era un quinceañero hasta la actualidad, y viví momentos inolvidables con aquella niña rubia, la otra morena, etc. momentos que se guardarán en mi retina y que me hicieron creer en ese aspecto de la vida que tantas desilusiones nos da, y que por día que pasa se torna más increible y poco duradero, el Amor. Recuerdo con una de mis parejas, como observábamos cada día a otra pareja de ancianos que se sentaban justamente en el banco de enfrente de nosotros, en esa pequeña "plazoleta" dónde se encuentran los niños del Paraguas, que por cierto son originarios de París, ciudad del romanticismo por excelencia. Allí escuchaban la radio, y se besaban como lo hacíamos nosotros, que soñábamos con llegar igual que ellos a esa edad, y seguir demostrándonos día a día nuestro amor inmortal e inamovible . Eran flores, eran olores, los que definían cada amor, cada beso, cada instante en ese parque, cuántos ratos en  aquel merendero entre caricias, cuántas veces me cité con alguna desconocida junto a la gruta, y cuántas veces mi pulso se aceleró en esa avenida de los Cipreses, y lo sigue haciendo, pues ese parque te invita a creeer de verdad que el amor, cuando es sincero y verdadero, es lo más cercano a la felicidad, y que sin experimentarlo, te estás perdiendo una de las cosas más bonitas de la vida. Por eso el parque me sabe a amor, al jazmín de unos labios, a un perfume, me sabe a sueños (por desgracia luego rotos), a pensar en esos hijos que no tuve, a charlas al atardecer, me sabe definitivamente a vida. Porque ese parque, significa para mí, como para muchos gaditanos, los momentos más tiernos de nuestras vidas.

Estudié la carrera muy cerca del parque, en Filosofía y Letras, y pasé muchas mañanas con mis apuntes a la sombra de un ciprés, adquirí mucho conocimiento, y entablé grandes conversaciones con mis compañeros de estudio junto a una cerveza. Son risas, como la de una niña de ojos azules, o la de que fue mi amor en los tiempos de universitario, las que se me vienen a la mente. Bromas, con mis compañeros de facultad, y tardes de soledad en las que el hermoso olor que embriaga el enclave era mi compañero a la par que algún libro o novela. 

No hay un recuerdo malo, no hay un momento desechable. Fueron emotivos mis encuentros con la fé que perdí, en aquellas recogidas del Caído, fueron emotivas las tardes de estudio de oposiciones que terminaban allí en buena compañía, y siguen siendo bonitas las tardes en las que me escapo a sólas o acompañado y recuerdo mi vida, los tiempos que allí pasaron, y mantengo la esperanza de los que me quedan allí por vivir. Porque allí llevaré a mis hijos, si algún día los tengo, para que sea su salón de juegos y aventuras, por allí pasará mi amor o mis futuros amores, y allí llevarán mis hijos a mis nietos, siendo la transmisión oral el vínculo de unos sentimientos que allí quedan impregnados para siempre. Como los míos los de cientos de gaditanos.  Recuerdos del Parque Genovés, recuerdo de vidas enteras.



martes, 17 de abril de 2012

LEYENDAS, MITOS E HISTORIAS CURIOSAS:11. EL ASESINATO DE JUAN PÁEZ

por Carlos de la Torre Vélez

Historias de la cripta: el asesinato de Juan Páez.

Corre el año 1708. Cádiz es la puerta de entrada a América y la ciudad rebosa de actividad. El cosmopolitismo y la multiculturalidad hacen de Cádiz una de las ciudades más ricas e importantes del mundo. En su puerto podemos encontrar tejidos americanos, metales preciosos de Bolivia, cacao y tabaco,… En la ciudad hay más de treinta cafés y tres teatros. La población, en solo medio kilómetro cuadrado, oscila entre las 70 y 100.000 personas. Toda una jauría de culturas, gentes y mercancías.

Este es el Cádiz en el que se cría Juan Páez. Hijo de Ambrosio Páez y María de los Ríos. En una calurosa tarde del 27 de agosto de 1708, el niño juega con sus amigos en la calle Fabio Rufino a las puertas de su casa. Desaparece misteriosamente creando una gran conmoción en la ciudad. Tras cuatro eternos días en los que se ofician misas y se reza porque Juanito regrese sano y salvo junto a su familia, el pequeño aparece medio muerto con signos evidentes de tortura en la calle del Boquerón (actual Plocia). Es trasladado a casa de su abuela. El estado del pequeño es horrible, incluso irreconocible para su abuela. “Las extremidades del niño aparecen rígidas que las conduce a adoptar la forma de un crucificado”, además de “presentar el miembro viril con signos de haberlo circuncidado” tal y como apunta el catedrático de historia del derecho de la Universidad de Córdoba, Manuel  Torres Aguilar.

Toda la maquinaria policial gaditana se pone en marcha, incluso el alcalde mayor de Cádiz lleva a imprenta el suceso. A los seis días y ante la extrema gravedad de las heridas que presenta Juan Páez, el pequeño muere, produciéndose gran consternación en la sociedad gaditana. Su sepelio se convierte en una gran manifestación de dolor y fue objeto de una multitudinaria veneración. Las autoridades ya hablan por entonces de un ritual “criptojudío”. Incluso la Inquisición actúa de oficio al ser notificada, declarando el caso “de su competencia”. Ni que decir tiene que el macabro suceso se convierte en un fervoroso juicio antijudío y una exaltación de la fe católica y romana. Para el Santo Oficio “no hay duda de que estamos ante las prácticas de una herejía”.

En un primer momento se detienen a personas de origen armenio. Cabezas de turco para sofocar los ánimos reinantes. Pero a los pocos días son puestos en libertad ante las evidentes falta de pruebas que los declararan sospechosos.

 Días más tarde se produce la detención de tres hermanos. José, Simón y Diego de Castro y de su madre Beatriz de Soto. Al igual que los armenios, no son oriundos de Cádiz. Tales pesquisas manejaban en el Santo Oficio, pues éstos se basaban en el hecho de que los judíos eran personas “en constante movilidad geográfica en evitación de delaciones”. La paranoia de la inquisición provoca la detención incluso de un niño de diez años, natural de Cataluña. José Cortada se declara convicto y confeso. Pero la instrucción y las deficiencias de la instrucción contra el menor llevan a interpretar que Cortada fue víctima de torturas por parte de las autoridades. De ahí que se autoinculpara. Incluso es entregado al Santo Oficio, quedando éste a cargo del menor en una de sus celdas. Pero no hay ni pruebas, ni hechos que demuestren su culpabilidad. Ante esto, el Santo Oficio ve necesaria la “aplicación de tormentos” en el menor. Tras más de un año de torturas, el caso queda inconcluso y nada ni nadie es capaz de probar la relación de judío conversos en el caso.

A todo esto, el obispo se hizo cargo del entierro del pequeño. Como comenta el investigador Eugenio Belgrano, Juan Páez es “llevado a la catedral vieja quedando su cuerpo enterrado en una de las bóvedas de la iglesia de Santa Cruz”. Tras pedir permiso Belgrano entra en la cripta para comprobar si quedaba algún resto del pequeño. En un principio aparece un ataud de 110 centímetros de longitud. ¿Pudiera ser el depósito del descanso eterno de Juanito? Quien sabe. De hecho, sus pesquisas lo condujeron a otra de las criptas, donde pudieron trasladarlo “por el entierro de obispos”.

¿Dónde descansa Juanito? Quién sabe. ¿Quiénes fueron sus asesinos? ¿Judíos conversos? ¿Herejes? Lo que se sabe a ciencia cierta que es una de los innumerables misterios que entierra esta ciudad.

sábado, 14 de abril de 2012

MEMORIA GADITANA 4: ¿QUIÉNES FUERON LACAVE Y TRILLE?

por Carlos de la Torre Vélez.

El teclear de estas letras es la desembocadura de un río. Para llegar hasta aquí hay que remontarse 30 años en el tiempo. El nacimiento de este río comienza una mañana cualquiera, en un barrio atestado de gente, tráfico y vendedores de pescado “cantando” su mercancía a los viandantes. Un niño de cuatro años sale con su abuela para hacer compras en un supermercado cercano. Paralelos al camino que siguen, discurren unos raíles oxidados, olvidados en el tiempo y en la memoria, siendo testigos de los cambios y notarios de la zona donde cumplieron la función de ser la vía de un tren que todavía el niño no sabe ni su trayecto ni el desempeño que cometía. En el entorno de esos raíles discurren la Avenida Lacave y la calle Trille. El niño todavía no conoce a esos personajes a los que un día la ciudad de Cádiz les brindó el honor de otorgar sus nombres para una avenida y una calle.

Para responder la pregunta que ronda por la cabeza de ese niño hay que remontarse a una fecha tan señalada en Cádiz como es la de 1810. Mientras la ciudad soportaba en esos momentos el asedio de las tropas napoleónicas un comerciante nacido en Navarrens, ciudad del departamento francés del bajo pirineo, funda la casa comercial La Cave, después de algunos años trabajando con su tío materno, en una tienda en la plaza de los descalzos. Aquí comienza la aventura en Cádiz de Pedro La Cave Miramont.
En sus inicios como comerciante se asocia con Macdermont en lo que se conocería como Lacave y cía. Tras unos años y a la muerte de su socio en 1824, don Pedro continúa solo hasta 1832, fecha en la que se asocia con Pablo Echecopar, formando la nueva sociedad “La cave y Echecopar”. 

Pero el desarrollo de la casa comercial registra un notable aumento de producción y exportación y facturación gracias a la colaboración de tres sobrinos de don Pedro. La sociedad está en auge y los cargueros de Lacave navegan los siete mares para el consumo de los caldos en países tan dispares como Suecia y Algeria. En la Segunda Aguada, a escasos metros del hospital del mismo nombre http://cadizmascerca.blogspot.com.es/2012/04/cosas-que-se-perdieron-9-el-hospital-de.html, se levanta un embarcadero para el depósito de maderas para la construcción de toneles, barricas y botas. El objetivo no era solo para cubrir las necesidades propias de las bodegas de don Pedro. También se pusieron a la venta para toneleros de Jerez, Sanlucar o El Puerto.



A la muerte de don Pedro en 1850 lega toda su fortuna a sus sobrinos. Éstos, embarcados en otros negocios como la cerámica, la lana, el corcho o el aceite, deciden centrarse única y exclusivamente en el negocio de los vinos ante la gran demanda existente.

Y aquí, encontramos el origen de los raíles que observan al curioso niño del principio. El abastecimiento de los caldos no solo se hace por vía marítima y el invento de ese monstruo creado por James Watt arrastra unos vagones de madera enormes, en los que poder cargar los toneles. El tren hace su aparición por la Segunda Aguada, siguiendo hasta Puntales. Otros raíles conducen a la calle Trille. ¿Quién no conoce en Cádiz la calle Trille?!!! Pues bien, Trille era el apellido de un leal y laborioso capataz de las bodegas.


La continuación de esta historia da para otro artículo y la curiosidad y las dudas del niño quedan saciadas con este relato. El niño ya conoce el lugar donde soñaba despierto, junto a los amigos que forjaron una amistad inviolable. En el lugar donde antiguamente se transportaban toneles, pasaban trenes, trabajaban toneleros y capataces con nombres de calle daban órdenes, el niño jugó, creció y se formó junto a otros tantos como él. http://cadizmascerca.blogspot.com.es/2012/03/historias-del-ayer-7-el-estadio.html.  En San Mateo creamos nuestro particular “meeting point” (permítanme el anglicismo) y aún resuenan por allí los ecos de un partido de paddel o el crujir de una barrica transportada…







P.D: Moi, es un honor para mí que me hayas cedido tu espacio. Espero que no sea ni el primero ni el último de este simple aficionado que se adentra en terrenos profanos comparándome con tu figura. La vida nos va uniendo entre vaivenes. Otros proyectos nuestros quedaron en el recuerdo, pero en este momento comparto contigo “…este punto de encuentro entre palabras…”

miércoles, 11 de abril de 2012

HISTORIAS DEL AYER 8. CUANDO ENTRAMOS EN LAS CUEVAS DE MARIA MOCO

    Puede que esta historia no tenga interés ninguno, puede que tú también lo hicieras como otros muchos gaditanos, puede que hable más la ilusión de un adolescente que aún vive en mí y recuerde esos momentos más que los de un hombre cuerdo y razonable, definitivamente, puede que no sea una historia para recordar aquí, pero es mi historia, la de mi pandilla, la de mi gente, la de unos chavales que soñaron por unos días (mientras nos duró la fiebre por la cueva), con ser lo más expertos expeleólogos y que pensábamos hayar como aventureros y arqueólogos de otros tiempos, el mismisimo tesoro de Tutankamon o yo que sé, otro sarcófago, en el rincón que estábamos explorando, las Cuevas de María Moco, o lo que es lo mismo una de las contraminas defensivas de la ciudad. 

      Ya no era un niño, tendría unos 16 años, cuando mi pandilla, un poco golfa por entonces, y gustosa por las aventuras, se dedicaba a explorar otros mundos; ibamos a intentar cazar gaviotas (no cazamos ni una, evidentemente nunca),  revisábamos los bajos de los módulos de la playa durante el invierno, refugio de indigentes, pero para nosotros casas de ogros o algo por el estilo, entrábamos clandestinamente en chalets abandonados de la laguna, entre papelinas de heroína consumidas en el suelo, mantas de otros indigentes, etc., con la intención de llegar al porche del mismo, para allí como si fuera el escondite perfecto, tomarnos unas cervezas y fumarnos unos cigarros a la luz de la luna, y sentirnos por unos momentos como la clase adinerada (algo parecido a la traición de la burguesía tras la Revolución Francesa). Eché de menos una sesión espiritista en el aquel chalet, la verdad, pero mis amigos para eso eran un poco cagones y guasones, y de todas maneras, las litronas pegaban más con el entorno.

   Pues fue en una de esas tertulias de patío de chalet abandonado y medio en ruínas, cuando empezamos a hablar de aquella cueva que nos contaban nuestros padres. Yo tenía un poco más de conocimiento de la misma, mi padre me había enseñado una entrada tapada en los corrales, y otra abierta pero muy cerca de la estación. Mi padre de chiquillo había correteado por allí en numerosas ocasiones, entrando por renfe y saliendo por la playa, como él decía. Me contó la historia de los moros jugando a las cartas, que apareció en diario de Cádiz, y que Germán Garabinos hoy identifica con un grupo escultórico, cosa que niega el explorador gaditano Eu Belgranos, la existencia de salones que él mismo había visto (no tengo por qué dudar de él), pozos, etc., y otro de mis amigos, un poco mayor que nosotros, Antonio, nos dijo que él conocía una entrada, que le habían comentado que a la altura de la entrada de Astilleros si saltabas a la vía, y salías "por pata" para que no te cogiera el guardia, pasando una pequeña casa que allí se encontraba, tras unos matojos en la pared, había un pequeño hueco por el que se accedía a las cuevas (actualmente sellado), abajo justo de lo que es la esquina de Bahía Blanca. 

   No dudamos en planear una visita como si de una gran excavación arqueológica (una de mis vocaciones de joven, y causa por la que estudié historia) se tratara. Al día siguiente quedamos en el Alberti, provistos de nuestro gran equipo de investigación y nuestras medidas de seguridad, una linterna y una cámara, para aventurarnos por primera vez a asomarnos a esas cuevas. Fuimos en moto, derbys barianes, jog r, biwis, etc., que acompañaban a unos locos ilusionados hasta la carretera de Astilleros. Saltamos la tapia de la vía y corrimos como locos hacia la otra punta, dando sin dificultad con un boquete muy pequeño, por el cual debíamos entrar. Ninguno daba el primer paso, desconociendo lo que se podía encontrar detrás de esa pared. Y fue uno de los más mayores y más valientes, Nene, el primero que se atrevió a entrar, pasó y le pasamos la linterna por el boquete y quedó maravillado. Luego fuimos pasando casi arrastrándonos por el suelo (hoy yo no creo que entrara siquiera por ese orificio) hasta ponernos de pie y admirar la bella construcción. Veíamos un  techo abovedado de medio cañón que aparentaba en ambas direcciones llegar hasta el infinito. La duda era ahora, izquierda o derecha. Cómo somos muy revolucionarios, tiramos primero hacia la izquierda, andamos unos 300 o 400 metros, el suelo estaba muy limpio, con apenas restos de habitación humana, un paquete de pipas del año la pía y cosas así, hasta que dimos con un pared derruida y luego con una puerta que dejaba ver un aparcamiento, la cueva (mina o contramina) había sido seccionada por la construcción de un parking para los vecinos de Bahía Blanca, y decidimos dar la vuelta, todo esto con un paso sigiloso y casi agarrados los unos de los otros, no fuera ser que una furia, o el alma de una gitana que nos contaron que desapareció por allí (de ahí el nombre de María Moco) nos atormentara. Al llegar de nuevo a la entrada, tiramos en la otra dirección la derecha, la pared giraba otra vez más hacia su izquierda, y a medida que avanzamos, la humedad se iba haciendo más latente. El techo se minaba de cucarachas (fue la primera vez que vi cucarachas albinas), que caían en nuestros cuerpos cuando se les iluminaba con la linterna.

    Una escalera al fondo nos hizo temblar de emoción, quizás encontraramos uno de esos salones de los que había hablado mi padre. la escalera cada vez nos hacía el hueco de la bóveda más pequeño, y un derrumbamiento con un pequeño hueco se encontraba al final del pasillo. De repente el grito del primero de la avanzadilla nos hizo huir despavoridos hacia la entrada de nuevo, un ratón había roto nuestra aventura. Al contarnos que era un ratón, pero ante lo avanzado del día, decidimos hacer una nueva expedición a los pocos días.

    Con el mismo equipo nos dirigimos al enclave. Esta vez observamos el esqueleto de un gato muerto que se nos había escapado el día anterior, y signos de satanismo, el miedo y el "cague" nos recorrió el cuerpo, y llegamos de nuevo a la escalera, y nos adentramos por el pequeño boquete en el que ya goteaba agua del techo, al final del todo, un derrumbamiento, con el que sentimos el peligro de que se nos cayera encima todo Bahía Blanca y pusimos fin a nuestro camino. 

   Entramos algunos días más, pues aquel lugar te invitaba a soñar con ser un explorador, aún conscientes del peligro que corríamos, por la falta de oxígeno. Pero eramos jóvenes soñadores, a los que no nos asustaba casi nada, aunque eso sí, dejabamos dicho dónde ibamos por si algún dia no volvíamos a salir de allí, no a nuestros padres, pero sí a nuestros amigos. 

   Hoy día, en la que algunos gaditanos como Eu Belgranos, se aventuran a entrar en todo tipo de orificio existente en nuestra ciudad, me he sentido identificado con él, e incluso he reconocido en sus videos y fotos el lugar dónde nuestros corazones juveniles soñaron con ser los Indiana Jones gaditanos. Creo que Cádiz y los gaditanos, pierden una parte de su historia mientras esos rincones desconocidos sigan sin poder ser visitados, eso sí, acondicionados y cuidados, y recordemos una parte de nuestra historia que queda bajo nuestros pies. Podría ser un gran atractivo turístico, pero quizás la piqueta mande más que la cultura en esta ciudad, y no convenga económicamente mantener nuestro legado. Esos niños, hoy mayores, aún recordamos nuestras inmensas aventuras por aquellos lares, y podemos decir a nuestros hijos, sobrinos, amigos, etc., que nosotros estuvimos en las Cueva de María Moco, como mi padre un día me contó a mi.


MEMORIA GADITANA 3 : LA FIGURA DE JOSÉ SUÁREZ MARTÍNEZ.

Hace unos años, en el primer congreso gaditano del carnaval, de 2001, tuve la suerte de empezar a oir hablar de la figura de este carnavalero y nada más y nada menos lo hice en una conferencia que daba mi mismo hermano Francisco Javier Camacho Ortega, titulada "Apuntes incompletos sobre la obra de José Suárez Martínez". Fue una charla que me llamó especialmente la atención por la vida y obra de este prolífico autor gaditano, desconocido para la mayoría de la gente actual, pero al que le debemos muchos, y de la que me permito el lujo de presentar un esbozo.  Se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que sus murgas son el precedente de una de las cosas que más me gustan en esta vida, y que, desde mi humildad, intento hacer cada año, a veces con más acierto que otro, las Chirigotas.

José Suárez Martínez nació en el barrio de Santa María el 8 de febrero de 1867, aprendió a leer y a escribir (la tasa de analfabetismo era escandalosa en esa época), y fue un albañil, aunque también trabajó como jornalero. Vivió sobre todo en el barrio de la Viña, siendo un hombre del pueblo, ocurrente en sus letras, y tenaz, llegando a participar en 42 agrupaciones, en las que se definía como un luchador obrero, criticando al poder y admirando la figura de Fermín Salvochea, y también riéndose de sí mismo como buen chirigotero que era.
Sus agrupaciones, iban acompañadas de bailes grotescos, movimientos al compás de  los pitos..

Acostumbraba a usar un barrilito de postulación donde solía llevar los libretos y donde recaudaba el dinero que conseguía actuando.
Llegó a alcanzar una popularidad enorme en la ciudad, permitiéndose incluso el lujo de incluir su nombre en los títulos de sus agrupaciones.
Sus comienzos se remontan al año 1889, cuando aparece como director de la agrupación "Marineros de Capricho". En 1890 también actúa como director de la agrupación "Marinos del ya me entiende" del que destacaron sus coplas a España y a Isaac Peral.  Vuelve a aparecer en la documentación en 1893 ( no se descarta su participación en los dos años anteriores), en "los cesantes chirigoteros", con letra de Mariano Muñoz. En 1897 lo haría en Emigrantes Cubanos, en 1898 en los Peluqueros de Paris, de la que es director y ya presumiblemente también autor de la letra. Suárez vestía aquí con levita negra y un sombrero de copa como director. En 1900 "Extranjeros sin visera" sería su agrupación vistiendo botas de yute y trajes de ingleses. En 1901 Suárez nos trae la agrupación Viajantes Brasileños, que contaba con un guitarra, cuyas letras no fueron censuradas. Con 32 años en 1902, aparece con la agrupación "Las Ranas" apareciendo como presidente, disfrazados de ranas como su nombre indica.
En 1903, aparece como director de "Los Panchos Profesores", viviendo ya en Portería de Capuchinos dónde pasaría la mayor parte de su vida, acompañados de una guitarra. En 1904 nos traería "A Gran Orquesta", basada en una revista de gran aceptación por entonces del mismo nombre. Obtienen un tercer premio que les supone 100 pesetas. En 1905 "Los profesores del siglo XIX", escrita y dirigida por él, consiguiendo un tercer premio en el Kiosko de la música, aparecen como instrumentos el tambor, el platillo y el arpa. En 1906 su agrupación fue "Los Chepas", de jorobados, apareciendo en el libreto como Murga Torera.  En 1907 fueron "Los pollos Tejada" cuarto premio con 50 pesetas, escrita y dirigida por él. Repetiría premio, pero esta vez un tercero en 1908 con "la Murga Diplomática", y un segudo en 1909 con "Los Chaffeurs transformistas", donde realizaban una transformación en escena de Chofer vistiendo con gabán largo a niños vistiendo con marinera, por entonces el concurso se celebrara en la Plaza Isabel II (San Juan de Dios). Con "Los patriotas " en 1910 obtiene el primer premio en el concurso que se celebra en el salón del Ayuntamiento, luciendo un lazo con los colores nacionales y en 1911 con "Los Excéntricos Coupletistas", aparece con bombo, tambor y varios instrumentos de vientos.  "La murga negra del Congo" en 1912, cuando Suárez cuenta con 44 es ya denominada comparsa chirigotera y en 1913 es cuando aparece por primera vez su nombre en el título de la agrupación "La Murga de Suárez" indicando ya el grado de popularidad alcanzando por entonces.  En 1914 serían " Los Footballistas" de fútbolistas deporte que por entonces afloraba en la ciudad y primer premio. Con Paco Coca y Francisco Cantero, como el año anterior, aparece en 1915 con "los Guerreros Salvajes", llegando a actuar en el Cine Escudero junto al Niño de Genil y los artistas Les Pujales.  Vestidos de Joselito el Gallo, Gallito y Juan Belmonte aparecen en 1916 con "los Fenómenos del siglo XX", con autoría de Suárez y Coca. Al año siguiente con la totalidad del repertorio de Suárez se hicieron con el tercer premio dotado de 25 pesetas con "Suárez y sus botones". Se pasa al coro a pie al año siguiente con "la tribu de Suárez" apareciendo entre sus filas el célebre "Don Cosme" o José Bablé.  En 1919 recupera antiguos componentes y saca "Suárez y su murga moruna" y en 1920 "Los Arstistas del Kursaal", representando a los artistas que actuaban en el salón situado enla calle Arbolí. Con "Suárez y sus Manganelis" en 1921, ante la prohibición del carnaval por el gobernador civil, destacó la murga ensayada más que las demás agrupaciones ya que sin tiempo el gobernador civil volvió a autorizar la celebración. Manganeli era una tienda de comestibles céntrica. "Los corresponsales" en 1922 sería de nuevo un coro a pie, al igual que "Suárez y sus pepes" en 1923, contando con Eduardo Martínez en sus filas. Vuelve a la murga con "Mehedi Español y su Trouppe Moruna" en el 24, y en el 25 "Los desertores del Planeta Marte", calificada como murga disparata. 1926 sería el año de "Suárez y su cuadrilla torera", celebrándose el concurso en el Teatro Circo de Verano en la plaza de España junto al monumento a  las Cortes. En 1927 sería "Suárez y sus 7 dobles del dominó" y en 1928 "Suárez y sus tabardillas", ya con avanzada edad. En 1929 "Suárez o los Turistas carnavalescos". Tras un parón (quizás actuó en la calle), en 1932 vuelve con "Raffles y su pandilla" con Paco Coca, y en el 33 aparece en "Suárez y sus desperdicios del mundo" con letra del Cojo Poce, con un grupo de avanzada edad. En el 34 serían "Suárez y sus baratilleros" recibiendo el premio a la veteranía, y en el 35 "Suárez o los habitantes del otro barrio", cuyo título se debe a la edad de los chirigoteros, ya con un pie en el otro barrio.  La última agrupación de Suárez sería en 1936 con "Suárez y su orquesta que está casi descompuesta", obteniendo un quinto premio, contando con 69 años de edad. Con 70, en 1938 fallecería, y se iría uno de los maestros chirigoteros, con un genial curriculum, valiente en sus repertorios, protestón y con la gracia de aquí. Ejemplo que muchos debemos de seguir, y que por ello me he atrevido a insertar en este blog de historia y curiosidades de Cádiz, dando luz pública a su figura como en su día, la rescataron nuestros investigadores de la fiesta, entre ellos mi hermano, que me dio la venia para tomar sus apuntes y hacer este pequeño esbozo. Ahora que tan de moda están los antifaces póstumos y las estrellitas en un paseo de la fama, supongo que este hombre, al que tanto le debemos la chirigotas, debe tener su lugar.

Bibliografía:
- Camacho Ortega, Francisco Javier " Apuntes incomplentos sobre la obra de José Suárez Martínez".  Actas del I Congrego Gaditano del Carnaval. AACC.

lunes, 9 de abril de 2012

LEYENDAS, MITOS E HISTORIAS CURIOSAS:10. UNA EXTRAÑA PRESENCIA DEMONIACA

El miedo es una de las sensaciones más raras y curiosas que experimenta el ser humano, muchas veces es una reacción ante lo desconocido, y otras simplemente, un sistema de alerta ante el peligro. Sin el miedo, el ser humano perdería parte de su esencia, y sin ese afán por descubrir lo desconocido, desde el sentido de su existencia hasta lo que existe más allá, la vida en sí mismo podría carecer de ese sentido, y el hombre que no tiene curiosidad, camina cual robot en su vida cotidiana, experimentando una existencia marcada por la rutina y en la que pierde una de las características fundamentales del hombre, el reflexionar y hacerse preguntas fundamentales.
La historia que vamos a contar, realmente provoca miedo, supongo que mucho más en las personas involucradas que en los lectores, que aún así, dudando de la veracidad y realidad de la misma, se plantearán muchas cuestiones. Yo mismo, soy uno de los que guarda un infinito respeto a la vida del más allá, dudando pero no negando su existencia.
Esta historia hay que encuadrarla en una familia de clase media- baja en la barriada de la paz de Cádiz, a la que por respeto, no mencionaré, guardando así su anonimato, pero que está recopilada en primera persona y con testimonios a los que le doy un 100% de credibilidad. Si lo que pasó fue fruto de la imaginación, la sugestión u otro tipo de cosas razonables, o si por el contrario, fueron fuerzas paranormales las que actuaron, no lo sé, y dependerá de la interpretación del relato el ajustarse a un sistema u otro por parte del lector.
A finales de los 80, el tema de la Ouija se tomaba a risas, y era adsequible para cualquier persona el tenerla en su casa. Algunos la hacían con vasos y papeles, pero en cualquier supermercado, en la sección de juguetería, se podía adquirir una a un precio económico. Eso fue lo que les pasó a nuestros protagonistas. La Ouija fue simplemente, un juguete más de reyes, ante la inocencia de unos padres que no sabían realmente que era lo que estaban dándole a sus hijos.
Durante un tiempo, realizaron sesiones en las que se comunicaban con esas presencias del más allá, y muchas de ellas eran tomadas a bromas, a risa, aparecían antepasados, espíritus cachondos, muchos hablaban sin sentido y otros daban coherencia a lo que marcaban sobre aquel tablero con el abecedario, los números y las palabras sí y no, que respondian a las preguntas. Dudaban si alguno era el que empujaba la balanza que se encaraba hacia aquellas letras. Pero realmente, ninguno parecía hacerlo, ante la rapidez de las contestaciones.
Todo parecía un juego, hasta que empezaron a pasar cosas raras. La hermana de la familia, afirmaba que se abría la puerta de su dormitorio, la luz del cuarto de baño se encendía en medio de la noche, se sentía frío sin motivo ninguno, etc.
Una de esas noches, uno de los hermanos de la familia, que gozaba de un plácido sueño, sintió un fuerte golpe en la pierna, del que despertó asustado. No le echó más cuenta de lo que debía, seguramente lo hubiera soñado.
A la mañana siguiente fue cuando se activaron las alarmas, en el desayuno, el hombre explicó lo que le había pasado durante la noche, y cual fue su sorpresa, que su madre, había sentido el mismo golpe, a la misma hora, también en la pierna. El miedo recorrió sus cuerpos y el de toda la familia.
Ante estos hechos, y en uno de esos "juegos" con la Ouija, la familia se reunió ante el tablero un día más, buscando respuestas a lo acontecido. De repente habló una presencia, la de un familiar fallecido, que utilizando las palabras del tablero, explicó el suceso. Los golpes en las piernas habían sido proporcionados por la abuela del muchacho, y suegra de la madre. El sentido aún no se lo explicaban, por qué un familiar iba a atormentarlos, pronto encontraron la respuesta.

La abuela avisaba al hombre de que una extraña figura demoniaca, a la que denominó a través del tablero Demonigur, quería acabar con su vida. A su vez avisó a la figura protectora de su madre para que actuara.
Al preguntarle quién era Demonigur, el tablero dio una contestación contudente; Satanás, Lucifer.

Ahí quedó el hecho y la historia, no pasó nada más, se deshacieron rápidamente de ese tablero y hasta el día de hoy no volvieron a saber nada más de esa presencia. Pero ese hombre aún recuerda el golpe recibido en la pierna, al igual que toda su familia, y más de uno tiene que taparse hasta las ojos, temiendo que algún día, Demonigur vuelva a acabar el trabajo que no hizo, o por qué no, a atormentar a otro de los familiares.

Interpreten la historia y acéptenla con la credibilidad que les merezca, yo desde estas líneas, sólo he querido dejar constancia de un comentario, que por su cercanía, me merece un 100% de credibilidad.